4 de junio de 2010

Empatía: a un año de la Guardería ABC

Era 5 de Junio, estaba en mi cama y amamantaba a mi hijo, veía un programa en la televisión que ni siquiera recuerdo. Un corte informativo por una emergencia invadió los canales, un incendio consumía las instalaciones de una guardería en Hermosillo. Había muchos bebés atrapados, las imágenes solo mostraban gente corriendo, un humo espeso que salía de lo que a simple vista parecía una bodega, en ese momento no se entendía donde estaba la puerta, ni siquiera la forma del inmueble, se notaba que los rescatistas eran en su mayoría personas que iban pasando, padres que estaban desesperados, no se entendía más que una cosa: una tragedia estaba ocurriendo.

De vuelta en mi, solo recuerdo lágrimas, muchas lágrimas que no se detenían, y que hasta este momento no han parado, que activan su fluir con una imagen, un relato, un recuerdo.

Me han contado historias de terror en fogatas infantiles, he leído muchos libros, he visto muchas películas con temas que pretenden, por alguna razón que aún no comprendo, mover esa parte humana que te hace sentir el peor de los miedos; aquel día en la Guardería ABC el infierno con sus fuertes llamas llegó a la tierra para cobrar la vida de 49 pequeños, para cambiar la vida de más de 76, de sus familias, para cambiarnos la vida, y me doy cuenta que  no hay historia de terror imaginada por el hombre que supere ese hecho.

Odiaba prender las noticias, cada día después del 5 de Junio solo ocurría una cosa, las cifras, los nombres de más bebés se sumaban a aquellos que no resistieron la furia del fuego, del gas toxico, y un día de Julio ya eran  49, Juan Carlos nos dejo para siempre.

Perder a tu hijo/a, eso es algo que es inconcebible, nadie está preparado para ello, a veces la vida trae esa dura prueba, por alguna razón la salud o la suerte se interponen, ¿pero cómo entender la muerte de 49 hijos e hijas, juntos, por la misma razón? ¿Cómo entender que el lugar donde confiaste para dejar al tesoro más amado fue el que falló? ¿Cómo voltear y abrir los ojos a una realidad donde nunca más estará esa sonrisa que alumbraba tus días y tus noches? ¿Cómo levantarte de esa noticia, la imagen más terrible? ¿Cómo entender que no llevaras a tu hijo a dormir a su cama sino a un lugar eterno? ¿De qué forma aclaras la mente para ver que detrás de la tragedia hay muchas personas? ¿Cómo levantarte del dolor y enfrentar a los responsables de que tu hijo o hija muriera en el total desconsuelo, en el peor de los escenarios? ¿Cómo seguir llamándote humano sin sentir empatía por tal injusticia?

Demasiados argumentos de políticos y funcionarios se escuchan cada día, de poco vale citar sus palabras insensibles, sus espaldarazos y sus promesas incumplidas que solo se traducen en algo concreto: no hay nadie pagando por ese crimen que tiene de fondo la avaricia; “nunca entregarán a sus amigos, familiares y sus propias cabezas para hacerle justicia a los niños de la Guardería ABC” me dice una persona cercana.
La justicia debe hacerse patente para los responsables ya señalados por la ciudadanía y por la Suprema Corte de Justicia de la Nación; en este hecho tan trágico, esos personajes deben pagar en prisión aunque eso no le regrese la vida a los pequeños y la salud a los sobrevivientes.

Por supuesto, no hay dinero que compre el silencio de un padre; a aquellos que prefieren reservarse y quedarse callados, los invito a luchar al lado de quien tenga las ganas para que ningún otro niño tenga que pasar por semejante atrocidad, que ninguna madre deba irse a dormir con un recuerdo en lugar de un beso, por supuesto, para que ningún otro “empresario” se llene los bolsillos y ningún otro “gobernante” duerma como bebé, mientras nuestros niños, los niños de México son “cuidados” en bombas de tiempo.

Desde el 5 de Junio de 2009 pase de página en página de internet, llegue a la más dura, una en la cual mostraban los rostros de aquellos pequeños, y entonces los conocí y conocí a más personas que sentían lo mismo que yo. Reconozco cada rostro, probablemente no conozco a todos sus padres, pero a ellos sí, son ya parte de mi, de mi día a día en el cual los pienso, a veces a alguno en especial, por que por alguna razón entran en mi mente para hacerme sonreír y para recordarme que debemos seguir.

Que dolor más profundo siento, me digo cada día desde aquel día, nunca conocí a ninguno de esos niños y niñas ¿Por qué no puedo dejar de llorar su ausencia?

Me cansé de llorar, de llevar mis pensamientos a lugares más y más obscuros, de no pasar de la computadora o de ver las noticias; me canse de lamentar; y así, entre lágrimas una tarde decidí apoyar y dejar de ser espectadora, con una idea poco clara y sin un solo contacto, ya ni siquiera recuerdo como se llenó mi agenda de números. El camino  tomó forma al conocer a Ángel David, sobreviviente con problemas pulmonares y neurológicos, y al encontrar a Francisco Alanís, quien decidió donar el viaje que necesitaba. Y así entregando el tiempo, el cariño, inició desde la trinchera ciudadana la gestión de buenas voluntades, con el único objetivo de minimizar los problemas derivados de la tragedia.

En el camino, me he inundado de historias, testimonios y vivencias de aquel día, pero  más de la fortaleza que muchos niños han tenido, sobreponiéndose de las peores quemaduras, de los peores recuerdos, de las más inconcebibles visiones. Y de padres que decidieron no quedarse callados y que tienen la convicción de dar hasta el último aliento con el fin de encontrar justicia para sus hijos, luchando por juntar el dolor y convertirlo en energía para continuar con la vida de su familia, y en cada caso por el amor a la memoria, a la vida o a la salud de sus pequeños.

Conocí a personas muy amorosas, a los padres y madres, pero también a aquellos que de todos los lugares de México han contribuido para las causas de los niños, han dedicado su tiempo para darle salida a la información sin que exista un solo día en el cual olviden mencionar el caso, desde twitter, facebook y medios, la gente, ha dado su voz para gritarles a aquellos “sordos selectivos” que no se nos olvida.

Compartir la lucha y aprender la lección; la Guardería ABC nos mostró el alcance del poder sobre aquellos que no lo tienen, donde no se necesita un fosforo y la intensión de crear un incendio, se necesita avaricia y omisiones para matar a 49 bebés, destrozarle la vida a decenas más y a obscurecer a cientos de familias; se necesita ser lo suficientemente lacra para andar por la vida sin cargos de conciencia, y por supuesto tener el suficiente dinero para parar procesos; así me he dado cuenta que en esta historia, cuando eres un ciudadano común tienes dos opciones, unirte y ser solidario o  bajar la cabeza y quedarte callado.
Y seguirán las marchas, blogs, denuncias, gritos, mantas, mensajes, huelgas de hambre, vigilias, globos, videos, cartas, reclamos, viajes, llanto y solidadaridad, más allá de un año.

Padres y madres de los niños de la Guardería ABC, hablo por todos los que decidimos caminar a su lado, haremos lo que tenga que ser necesario por nuestros niños, estamos con ustedes y no nos rendiremos.

Yo decidí no olvidar.

Mis más grandes cariños.
Imperio Gómez
abcayuda.blogspot.com

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